Los libros que hacen falta

Por Luis Felipe Gómez Lomelí (diciembre, 2016).

De tanto en tanto se habla de que se publican muchos libros. Que las secretarías de cultura -federal y estatales- los institutos y las universidades publican demasiado. Y eso, claro, es un gasto inmisericorde de dinero. Incluso no ha faltado el iluminado que proclama que el Fondo de Cultura Económica, como editorial y como red de librerías, ya no es necesario.

Bueno, discrepo totalmente.

En primer lugar, falta que los libros que sí existen también estén disponibles, al alcance de cualquier lector que quiera cultivarse. Por ejemplo, falta que los libros que publican las universidades de este país estén en toda la red de bibliotecas; empezando, claro, por las mismas bibliotecas universitarias. También falta, si nos ponemos idealistas, que los encargados de las bibliotecas públicas utilicen criterios para la adquisición y desecho de títulos más allá del criterio de la novedad, ése que dice que no se pueden comprar libros que tengan más de 5 años de haberse publicado y, en su versión para desecharlos, que hay que deshacerse de los títulos viejos por inútiles. ¿De verdad? ¿De verdad no vale la pena tener los Principia de Newton en la biblioteca de una facultad de física aunque sea un título viejísimo? ¿O los escritos de Aristóteles, Avicena o Li Po en cualquier biblioteca central?

Y en segundo lugar, aquí va mi lista de deseos de Navidad, de libros que me encantaría que hubiera en toda biblioteca pública del país, porque son necesarios, porque son conocimiento básico que debería de estar al alcance de todos (de entrada, para despejar mi ignorancia) y, lamentablemente, la mayoría no existen (y digo “la mayoría” nomás por no dejar, porque quién quite que sí existe alguno de esos y yo nomás no lo he visto). De seguro a usted se le ocurrirán otros, de modo que lo invito a que nos los comparta en la sección de comentarios:

  1. Un manual de minerología básico, incluso (o también) para niños, pa’ que pueda salir al lote baldío de enfrente y saber qué jais con las piedras que veo.
  2. Un manual de geología básico, también para niños –si gustan-, para poder ver los cerros, sus cortes, y tener alguna idea de qué representa cada estrato.
  3. Un libro básico sobre pesquerías en México, qué especies hay en el país, cuáles son comestibles y cuáles no, cuál es su dinámica poblacional, qué técnicas de pesca se utilizan en cada región del territorio y cuál es su impacto ambiental, etcétera. Y si hubieran también específicos para cada estado costero de la República, mejor.
  4. Una historia de la ciencia, de cada ciencia, en México. Un libro simple, didáctico. Ya sé que existe el maravilloso libro de Trabulse, pero ésa es una historia general (y, además, no está en todas las bibliotecas) y yo quisiera, querido Niño Dios, un libro de la Historia de la Física en México, una Historia de la Astronomía en México, una Historia de Lingüística en México, etcétera.
  5. Una bonita antología de los filósofos mexicanos (y otra de los latinoamericanos) a través de la historia.
  6. Un gran recuento ilustrado (y sí, también en su versión para niños) de todas las mujeres que fueron “la primera mexicana que…” se graduó como doctora, piloteó un avión, construyó un puente, etcétera. (Prometo, querido Santa, que lo leeré por las noches con mi hija). Y otro, claro está, de “el primer mexicano que…”
  7. Un manual de autoestudio, de esos para aprender solito, de cada uno de los idiomas que se hablan en este país. Y, ya entrados en gastos, ¿por qué no uno para cada idioma que se habla en el mundo? Y su diccionario de traducción respectivo.
  8. Un manual, con fotografías para su fácil identificación, de todos los árboles que hay en México. Y, dado que vivimos en un país megadiverso, tal vez un solo libro sería un mamotreto impráctico. Así que mejor uno por cada Estado y también por cada tipo de bioma: bosque de niebla, selva baja caducifolia, etcétera. Y lo mismo para cada grupo de seres vivos: artrópodos, mamíferos, reptiles, aves canoras, aves rapaces, líquenes, etc… (para aves, en inglés, suelen existir unos manuales –y hasta laminitas portátiles- muy bonitos que por desgracia, querido Papa Noel, no existen en la mayoría de bibliotecas nacionales).
  9. Siguiendo en la misma línea, ¿qué tal un bonito manual de plantas medicinales mexicanas, con su historia natural y su historia social? ¿Y otro sobre las especies –vegetales o animales- que solemos usar en este país para una u otra cosa?
  10. Y más aún, ¿no sería fantástico que hubiera un libro para poder identificar todas esas plantas que suelen aparecer en cualquier prado y que agrupamos a todas bajo el nombre de “hierbas”? Es más ¡una historia de la jardinería en México!
  11. Un manual básico, ilustrado, uno que pueda leer cualquier infante, sobre meteorología. Ahí donde se explique no sólo por qué llueve y cuáles son los vientos alisios y las celdas de Hadley y de Ferrel, sino que también nos deje claro porqué llueve en cada región de México cuando llueve y porqué llueve como suele llover, que especifique cuáles son las corrientes principales de viento en cada parte del país y las épocas en que son predominantes, por qué en ciertas zonas son tan comunes las granizadas y, en otras, las tormentas eléctricas, etcétera. Y si también incluye una sección de química atmosférica, digo, querido Niño Dios, nuestro último Premio Nóbel lo ganó precisamente en eso.
  12. Y en dicho tenor: ¿uno de química oceanográfica? ¡Y uno de oceanografía!
  13. Un libro sobre la arena, así nomás: qué vive ahí, qué fantasías nos ha despertado, pues seguro en este país alguien habrá escrito algo tan maravilloso como la novela de Kobo Abe.
  14. Un libro básico de edafología, para saber –literalmente- dónde estamos pisando, para saber los tipos de suelos y sus propiedades, tanto fisicoquímicas como los usos que se les da (por ejemplo, qué tipos de arcillas son las mejores para la cerámica y en qué partes del país están), como sus interacciones con los seres vivos.
  15. Por supuesto, querido Babbo Natale, me encantaría también un libro básico de construcción a la mexicana, ahí donde pueda aprender a hacer un muro de adobe, una palapa, una chinampa y todas esas magistrales ecotécnicas tan marginadas por tantos años.
  16. Y ya entrados en gastos –aunque, si quieres, estos se los dejamos a los Reyes Magos para que no creas que soy muy pedinche- libros básicos, prácticos y entendibles por cualquier preparatoriano de todas las áreas del conocimiento, de física, de fisicoquímica, de fisiología matemática, de neurociencias, de óptica, etcétera. No esos tabiques caros y pesadísimos de Academic Press o McGraw-Hill, sino algo como el Mary L. Boas de métodos matemáticos para la física.
  17. Por último, también para Reyes, una historia de cada país y región del mundo; una historia del arte, también, por cada cultura, antologías de poesía y de cuento de cada lugar (¿has visto que el Shahnameh, la máxima épica persa, apenas se tradujo al español y es básicamente inconseguible?), etcétera, etcétera.

Ahí tienes, querido Niño Dios, una lista de más de cien libros. Perdón, de más de mil libros que prácticamente no existen ni existirán de no ser costeados por el dinero público o por organizaciones harto filantrópicas, pues la mayoría de ellos son incosteables por el mercado: son costosísimos, tanto por su factura como por la investigación que requieren, y difícilmente se convertirán en bestsellers. Pero son necesarios. Son básicos para lograr este bonito ideal de que el conocimiento sea transformador de una sociedad.

¿A qué libros se refieren aquellos que dicen que hay muchos libros?: No tengo idea.

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