Ecología (personal) de la lectura

Por Luis Felipe Lomelí

Enlace original: Cuadrivio

El milagro se dio con un libro ilustrado sobre comunidades intermareales. Tendría tres años. Y ahí, luego de correr con mi libro hacia las rocas de la playa, descubrí que sí había alguna relación entre eso que llamamos «realidad» y lo que está impreso. Luego siguieron los mapas porque, obviamente, a esa edad aún no conocía el abecedario y tuve que correr de un lado al otro sobre la arena para que mi madre me leyera el nombre de cada especie que descubría entre las piedras que azotaba la marea —de hecho, ése sería el segundo milagro, casi inmediato, pues con el mismo texto descubrí que en los libros había conocimiento que no tenían «los grandes», ni mi mamá ni mi padre ni nadie más de mi entorno inmediato; que los libros eran más que una extensión del saber: eran una forma de dejar de ser escucha en las pláticas de los adultos y convertirme en interlocutor (supongo que por eso, también, es que millones de niños alrededor del mundo se fascinan con los dinosaurios: porque pueden enseñarles algo a los adultos y la relación se vuelve menos asimétrica)—, pero los mapas eran más sencillos de «leer», pues había que leer líneas y figuras en un papel y contrastarlas con el entorno.

​Por muchos años quise ser cartógrafo.

​Luego descubrí que ya se habían inventado los satélites, que el cielo estaba cubierto de ellos y que cientos de ellos estaban vueltos en basura en órbita.

​Así, tal vez —porque la memoria siempre es una trampa—, me volví lector. Eso significaba para mí la lectura: una extensión del conocimiento y un medio para alcanzar la igualdad.

​Creo que con el tiempo no ha cambiado mucho el significado de la lectura para mí. Más bien han cambiado los matices. De niño me interesaba más el mundo no humano y leía enciclopedias y libros técnicos —incluso estudié física y luego genética y ecología—, pero de adulto me interesaron más los temas humanos y pasé por las ciencias sociales hasta que descubrí que había más respuestas, o más fascinación, o mayores epifanías como ésa de la playa y las rocas y los balanos y bivalvos, en las artes. Entonces me volví más lector de literatura. Porque también iba de la mano de la idea de igualdad, ya no entre niños y adultos, sino en una gama más amplia de seres humanos: la literatura nos permite ponernos en el lugar del otro, ser el otro, ser el niño sudanés que vomita en el canal de un oasis, la muchacha polinesia que odia a su padre y se acuesta con su tío para vengarse, el hombre en el tren por la India que cuenta una historia terrible a unas niñas inglesas, todos los miembros de la familia Mazzini ante la gallina degollada, el sicario en motocicleta y su enamorado y sus víctimas, el seropositivo en la ambulancia, la niña que cruza el Kruger para llegar a Sudáfrica…

Lynn Hunt tiene la teoría de que fue gracias a la literatura —en particular, gracias a las novelas de amor del siglo XVIII— que arribamos como sociedad a las ideas de los derechos humanos y la igualdad expuestas como frases categóricas luego de la revolución inglesa, francesa y estadounidense (como frases categóricas mientras que en la práctica la esclavitud seguía siendo común, por ejemplo, hasta que la palabra se hizo costumbre).

No sé si sea cierta la teoría, o completamente cierta, pero me gusta que lo sea. Incluso me doy por bien servido si la literatura ha contribuido aunque sea un poquito. De ahí se desprendería, tal vez, la relación de la lectura con mi chamba (bonita palabra suajili). Por un lado me sirve para buscar lo que no sé —casi todo— y que tampoco puedo conocer gracias a las pláticas con otras personas. Porque si bien prefiero el conocimiento vivencial —prefiero hablar con el jardinero y las abuelitas que tienen hartas macetas a leer un libro sobre jardinería porque, además, muchos de los temas que me interesan no están consignados en libros que estén disponibles: la misma jardinería, por ejemplo, la jardinería en el territorio donde vivo y con las especies que aquí existen en Villa de Álvarez, Colima—, también sucede que hay muchos temas para los que no encuentro interlocutores a la mano. Eso, la lectura, es una extensión de la conversación, a otros temas, a otros entornos, a otras épocas.

Y, por otro lado, busco tanto leer como escribir, digamos, lo que no existe en los medios de circulación normalizada por mi comunidad gremial. Prefiero leer, por ejemplo, a Mia Couto o a Yvonne Vera y luego salir a la calle a ver mi mundo desde ese espejo mozambiqueño o zimbabuense que desde las torres de los castillos de Bavaria. No sé si una postura sea mejor que la otra. No lo creo, pero a mí me resulta más enriquecedor leer sobre entornos similares, pero desconocidos, al mío (África) que sobre entornos distintos, conocidos y reconocidos (Europa Occidental). Incluso por el lenguaje mismo, esa maravillosa herramienta, o por la diversidad de planteamientos morales.

Más aún, por gracia o desgracia, la vida es corta y uno tiene que tomar decisiones, decisiones políticas, digamos: cuáles son tus personajes, en dónde y cuándo suceden tus historias, qué temas abordas, qué lenguaje utilizas; qué tipo de libro, en general, haces. Y el espejo: qué personajes lees, historias de dónde y cuándo, con qué lenguaje, qué temas, qué tipo de libros… Sería maravilloso poder abarcar toda la diversidad humana, volverme sinólogo es uno de mis sueños que sé fallidos, también volverme «oceanista» o como sea que se les diga a los expertos en las culturas de las islas del Pacífico, pero hay que elegir, elegir con criterios absolutamente subjetivos porque uno, a fin de cuentas, jamás deja de ser un sujeto finito. Mejor: un ser humano, uno que convive con otros seres humanos y no humanos en un espacio y una época determinados.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s