El sueño del prócer

Por Luis Felipe Lomelí

Dom Fernando Negreiros Pombal tuvo un sueño esclarecedor. Un sueño que le infundió recelo, tal vez alarma, en él. Mientras soñaba, afuera era una noche fresca de primavera en Lisboa, llena de estrellas porque era el siglo dieciocho y, como todos saben, la luz eléctrica aún no había sido inventada. Así, era una noche muy linda, sólo que dentro del sueño no había belleza alguna para don Fernando: soñaba que era un esclavo de sus esclavos, que sus esclavos eran ahora sus patrones blancos y que él les pertenecía. Don Fernando quería decir, dentro del sueño, que no era prieto, que era cristiano blanco y que él era el dueño legítimo de ellos. Mas no podía. No podía porque tenía otras cosas más importantes qué hacer como cargar piedras, soportar el hambre, el látigo, y procurar no morir para ser arrojado afuera de la ciudad como alimento para los perros.

Dom Fernando Negreiros Pombal se despertó muy preocupado. Pero tuvo una revelación: ya no vendería más esclavos en Lisboa sino que sólo continuaría con su negocio en el Brasil. Ese día, para quedar más sosegado, Dom Fernando asesinó a sus treinta y cinco esclavos. Es considerado uno de los padres de la lucha contra la esclavitud.

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