Estatuas: escenificación del pasado y del futuro

Los monumentos son una escenificación de la comunidad imaginada, del poder. Son una vivisección de la historia, de aquello que fuimos, un stand-up comedy y un discurso solemne, siniestro, una reducción de aquello que deberíamos de ser y un faro guía que indica hacia dónde nos dirigimos. Así, son también el potencial y el límite de nuestras acciones. Vea, por ejemplo, las imágenes de estas tres estatuas que conmemoran la lucha contra la esclavitud y pongo a continuación.

Aunque las tres estatuas tratan de “lo mismo”, no confieren la misma idea a las personas que las admiran.

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Fig. 1 Monumento a Carlota Lucumí en Triunvirato, Matanzas, Cuba.

En la Fig. 1, la estatua de Carlota Lucumí transmite la idea de que la libertad se consigue mediante la lucha y son los propios individuos subalternizados quienes tienen que luchar para conseguirla: es Carlota Lucumí con un machete y un mazo quien ha roto sus propias cadenas. Y tendrá que mantenerse en armas para defender su libertad. Es un monumento triunfalista (aunque Lucumí muriera en combate) y el performance del discurso que presenta la estatua, por supuesto, está en concordancia con el discurso enarbolado por el gobierno de la Revolución Cubana que la mandó construir.

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Fig. 2 Monumento a Miguel Hidalgo y Costilla en la Plaza de la Liberación, Guadalajara, México.

En la Fig. 2, la estatua de Miguel Hidalgo y Costilla también transmite la idea de que la libertad sólo se la puede procurar uno mismo: es Miguel Hidalgo rompiendo las cadenas. Pero una mirada atenta nos muestra que no son sus cadenas, pues no están sujetas a sus brazos (como sí está una de ellas en el caso de Carlota Lucumí). Asimismo, Miguel Hidalgo no porta armas y viste de “europeo” y no lleva el torso desnudo. Transmite la idea, entonces, de que la libertad la consigue uno mismo, pero puede hacerlo de forma pacífica y civilizada, europeamente. Transmite la idea, también, de que “todos somos Miguel Hidalgo” porque México es una nación mestiza cuya parte civilizada viene de Europa (no de África) y está en consonancia con el discurso del gobierno postrevolucionario mexicano que la mandó construir.

 

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Fig. 3 Monumento a Abraham Lincoln en Wáshington, EE.UU.

En la Fig. 3 transmite la idea, en cambio, dos discursos diferenciados según el locus de recepción. Para el estadounidense blanco transmite la idea de que la libertad es algo que él (o ella) puede otorgar a otros y eso lo hará verse más cool y más civilizado. Es algo que puede otorgar, sólo si así lo desea. Para el afro-estadounidense transmite la idea de que la libertad es algo que le regalaron o, mejor dicho, algo que le han prestado: aún tiene los grilletes en sus brazos, aún tiene una posición subordinada. De modo que tiene que estar agradecidísimo por ello, por tener tan buen patrón, porque de lo contrario le pueden quitar esa libertad que no detenta por naturaleza sino que es una concesión. El performance que actúa el monumento, por supuesto, está en concordancia también con el discurso del gobierno estadounidense: tanto en sus misiones para concederles la libertad a otros pueblos como la actitud sumisa y agradecida que espera de ellos.

Cada una de estas estatuas confiere una idea diferente de pasado y de presente. Más aún, confiere una idea clara de qué es lo que se espera de cada sociedad en un futuro. Ahora que usted puede ver en las noticias movimientos que derriban estatuas en otros países, piense primero en cómo su locus de enunciación ha sido también moldeado por las estatuas (y los discursos oficiales) de su entorno, ese entorno que le da a usted una idea específica de qué significa la primera persona del plural, “nosotros”, cuando se habla del pasado. Y cómo este entorno es enteramente diferente al de los lugares de provienen las noticias.

En lo particular, a mí me gusta la solución que se planteó en Mozambique luego de la independencia: el fuerte favorito de los portugueses en la capital fue transformado en un museo de los horrores coloniales y ahí, precisamente ahí, fueron a poner todas esas estatuas de los invasores portugueses. Es un buen lugar.

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Estatua de Mouzinho de Albuquerque, removida de la glorieta frente al ayuntamiento de la ciudad y puesta, sin pedestal, en la exFortaleza de Maputo.

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