Diaro de campo (para niñas)

La difusión de la ciencia (y la invitación a la ciencia) siempre se encuentra con dos problemas: el dinero (la majestuosidad esperada) y la representación.

La representación normalmente tiene el efecto contrario: cuando todos los científicos que se muestran son machos regordetes y ricos que hablan otro idioma, por lo general a lxs niñxs latinoamericanos les queda claro que «la ciencia no es para ellxs». De ahí, para el caso de una niña mexicana (mi huerca), que no sólo sea importante mostrar que la ciencia también la hacen mujeres sino que son mujeres que se parecen a ella tanto en el aspecto económico como en los aspectos raciales y lingüísticos. Así, sí, aunque le cayó bien Jane Goodall, le gusta mucho más Wangari Maathai.

Sobre el dinero, o la majestuosidad esperada, es curioso. Hoy inició su «diario de campo» con un estímulo muy simple: el Museo de Historia Natural del rancho les dio un «kit científico» y, para el diario, incluía nada más: una libretita (en la foto), un lápiz y una brevísima explicación impresa sobre cómo hacer diarios de campo y la importancia de estos. Con eso, la huerca decidió iniciar el suyo (lo único que añadí fue que, precisamente, tanto Goodall como Maathai hacían diarios de campo). Ergo, no, tampoco es necesario que los kits sean caros y majestuosos: eso es puro aspiracionismo tercermundista.

(Y bueno, sí, todavía tenemos que trabajar eso del spelling, je je)

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